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KYRIAT ARBA: YO ESTUVE ALLI




Hace unos pocos meses yo viajé por la misma carretera en la que, el pasado martes, los asesinos de Hamas mataron a tiros a cuatro israelíes con el evidente propósito de torpedear las negociaciones de paz. Hebrón es una ciudad judía que alberga nada menos que la tumba de Abraham. A principios del siglo pasado, judíos procedentes de diversas partes del mundo se establecieron en un lugar considerado santo. Por aquel entonces no se veía un sólo árabe en muchas millas a la redonda. Llegaron cuando supieron que los judíos habían establecido colonias en el mismo lugar en el que Hashem mandó a Abraham desde su tierra natal de Ur. Los árabes -entonces todavía no se hablaba de palestinos- empezaron a hostigar a los colonos hasta que una noche se produjo la matanza. Murieron 29 jóvenes en una sinagoga que había construido muchos siglos antes un judío español expulsado de Sefarad. Contemplé las fotografías de los asesinados en las paredes de la misma sinagoga, hoy restaurada. Los judíos de Hebrón viven hostigados por los árabes, que habitan en casas más altas, en una especie de anfiteatro natural, des del que disparan a los actuales colonos.
Mi esposa Margalida y yo regresamos a Jerusalem desde Hebrón en un autocar de línea y pasamos por Kyriat Arba, dónde han muerto los cuatro judíos ametrallados por los terroristas de Hamas.
La pregunta surge, impetuosa, de mi corazón judío: ¿Qué hace Netanyahu en Washigton? ¿Qué poder tiene Abbas para garantizar la paz mientras los asesinos de Hamas sigan armados?

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