Un periodista argentino, Julián Schvindlerman, ha publicado en Internet un largo artículo titulado "Judíos contra Sión". La frase puede sonar a reclamo. Ya se sabe: uno coloca un titular insólito para atraer el interés de los lectores. Pero quienes conocemos, siquiera someramente, la historia del Pueblo Judío, sabemos la amarga realidad que se oculta tras este titular.
Schvindlerman, evidentemente un judío, explica que el caso de Uri Davis -el israelí integrante del movimiento palestino Al Fatah- no es el único. Nuestra historia está plagada de ejemplos de judíos significados, que levantaron obstáculos no solamente en el camino de retorno de nuestro pueblo a Sion, sino en la lucha contra el antisemitismo y la incomprensión que han marcado el acontecer histórico de los judíos. Uno de los casos más significativos fue el de Karl Marx, hijo de un rabino, quien en su lucha en beneficio del proletariado -desde una posición económica y social de privilegio, todo hay que decirlo- llegó a convertirse en un furioso y grosero antisemita. Basta leer su panfleto "Sobre la cuestión judía", publicado en 1843. Rosa Luxemburgo, la mítica luchadora en pro de la justicia social, no llegó a tanto pero afirmaba que el antisemitismo era una función del capitalismo y que el primero desaparecería cuando se venciese al segundo.
Más recientemente -como desvela Schvindlerman en su artículo- miembros del movimiento ultra ortodoxo Neturei Karta, visitaron a Yaser Arafat en su lecho de muerte en un hospital de París, en noviembre de 2004. Ese mismo grupo se ha manifestado a favor de los ataques terroristas contra Israel y respaldado a Ahmadineyad, el peligroso loco antisemita que lidera los destinos de Irán.
El antisionismo de algunos judíos se remonta a la época del Protectorado Británico en Palestina. La patología del auto odio -muy común también entre los chuetas- generó actitudes y corrientes de pensamiento que se opusieron desde el primer momento al regreso de los judíos a Sion. Martin Buber escribió-dos años después de haber llegado a Palestina y dos meses antes de que estallara la II Guerra Mundial- un artículo en el diario Haaretz en el que acusaba a los sionistas de llevar a cabo "acciones propias de Hitler en la tierra de Israel".
La patología judía de odio a si mismo ha protagonizado casos escalofriantes. El periodista vienés Trebischt se convirtió al cristianismo y termino instando a los alemanes a no ceder en su lucha contra los judíos: "Permaneced firmes -escribió- ¡No tengáis piedad! ¡Ni siquiera contra mi mismo!"
En mi proceso personal de regreso al judaísmo desde mi identidad chueta, he conocido también este fenómeno. Recientemente un descendiente de judíos conversos me mandó un correo electrónico con el programa de una serie de actos culturales relacionados con la cultura judía. Según él eran "la muestra de un judaísmo serio y sin complejos, aquí, en nuestra isla, abierto al mundo y muy alejado de ´tics´ sionistas y/o auto compasivos que se reflejan a menudo en sus artículos".
Judíos, y descendientes de judíos, contra Sion. En efecto.