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XABAT XUETA DE BARCELONA: IMPRESIONES



El xabat xueta celebrado en Barcelona -el primero de la historia- fue todo un éxito. Lo celebré mucho, porque la verdad es que estaba preocupado. No tenía ninguna duda acerca de la solvencia de Roser Parés i Fuster, verdadera organizadora del evento, pero temía que una extraña mezcolanza de sentimientos y objetivos -los judíos en general y los chuetas en particular somos gente muy rara- diluyera el verdadero sentido del acontecimiento y provocara algún que otro problema.
Fue, todo hay que decirlo, un xabat muy particular. Tampoco podía ser de otra manera. La mayoría de los chuetas presentes en aquella cena no conocían el significado religioso y espiritual de la celebración. La presencia del rab Nissan Ben Abraham, el primer rabino chueta, contribuyó a dar una cierta solemnidad a la fiesta. Se dice pronto: un rabino descendiente de aquellos judíos conversos de Mallorca que fueron condenados por relapsos, bendiciendo el pan y el vino en medio de un grupo heterogéneo, unido por el amor a sus raíces judías y por un extraño sentimiento de pertenencia que es diverso y, por lo tanto, tiene diferentes manifestaciones.
Pere Bonnín amigo y paisano, fue el erudito de la noche. Leyó un texto admirablemente escrito en el cual refutó la etimología de la palabra chueta y destacó algunos aspectos de la historia judía mediterránea que sin duda podrían ser objeto de un gran debate entre lingüistas, historiadores y otras gentes ocupadas en desentrañar los misterios del pasado. Escucharlo fue una delicia.
A mi me tocó explicar mi Retorno, pero lo hice empezando por el principio. Yo soy un chueta de los más raros. Tanto, que he defendido y llevado hasta sus últimas consecuencias la teoría de que la única salida viable al cultivo de nuestra identidad es la vuelta al Pueblo Judío y al judaísmo. Esa idea -apuntada en mi libro "Raíces chuetas, alas judías" y que fue aceptada entusiasticamente por todas las comunidades hebreas en las que hablé durante mi reciente gira sudamericana- tiene la virtud de irritar sobremanera a los que yo llamo "chuetas laicos". Por eso tuve buen cuidado en subrayar que yo no era un prosélito y que para mi tan judío es Pere Bonnín -quién, pese a las recomendaciones de su urólogo, no muestra la menor disposición a dejar de comer sobrasada ni butifarrones- como yo, que como kassher hasta dónde puedo o el propio Nissan, que no consume pan elaborado en hornos mallorquines por temor a que no haya sido contaminado al ser cocido en bandejas impuras.
Otro dato a tener en cuenta es la gran importancia que ha asumido lo que podríamos denominar la "comunidad chueta de Barcelona". Son los hijos y nietos de aquellos descendientes de conversos mallorquines que, o bien pusieron mar de por medio para no tener que aguantar más las perrerías de sus paisanos o que, simplemente, fueron a estudiar a la Ciudad Condal y allí se quedaron. De momento, los chuetas de Barcelona, al igual que los que están esparcidos por España y, sobretodo, por América Latina, son el gran vivero de nuestro trabajo.
Fue una noche inolvidable porque todos los presentes supimos valorar aquello que nos unía por encima de nuestras lógicas diferencias. Yo me emocioné mucho y pensé que Roser Parés y Mario Saban están cambiando el mundo de los conversos. Quedó en el aire la celebración de un evento similar en Mallorca. Palabras mayores.

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